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jueves, 22 de diciembre de 2011

Exquiciteses de nuestra Gastronomía Limeña... por Hugo B. Cuffini.....





Hugo B. Cuffini.....
Exquiciteses de nuestra Gastronomia Limeña : 
¿LIMA ENGORDA?
Lo primero que debe hacer uno al llegar a Lima es comerse un pollo a la brasa con muchas papas fritas con mayonesa y una generosa porción de palta (el aguacate de los mexicanos), todo eso debe estar acompañado de una Inka Kola bien helada (diet, para los que queremos conservar la línea) o una jarra de chicha morada (delicia del maíz morado hervido con cáscara de piña). 

Claro, para comer pollos hay para escoger, desde las más socorridas pollerías de barrio (como el Memphis en Aviación) hasta la ahora internacional cadena del Pardo´s Chicken, pasando por La Granja del Abuelo (donde puedes disfrutar, de paso, del inolvidable "choclito" José Antonio).en la clásica Granja Azul o en el más reciente El Pillo, ambos a las afueras de la ciudad (imperdibles los anticuchitos de hígado de pollo con mayonesa). 
Para los nostálgicos, nada como un pollo del Rancho o del Pollón, esos decanos. 

Tampoco es posible pasar por Lima sin comerse un ceviche, unas conchitas a la parmesana, una jalea, un chicharrón de calamares o una corvina a la chorrillana. 
Cevicherías hay muchas desde las de más "producidas" como Pescados Capitales, La Mar o El Segundo Muelle (la mejor, sin duda, es Costanera 700, donde te puedes comer una chita a la sal que de deshace en la boca acompañada de un chaufa de pescado inimitable), hasta las más populares y típicas como Punto Azul, El Limón o Punta Arenas. 
Cualquier limeño que se respete conoce una cevichería, "la cevichería", ese lugar fabuloso donde se prepara "el mejor ceviche de Lima", a decir de los parroquianos. 

Pisar el Perú y no comerse un chifa es un delito No hay lugar en el mundo donde la comida china sea mejor, ni en China. El acriollamiento de las costumbres culinarias que trajeron los coolíes cuando fueron engañados y esclavizados por los hacendados en el siglo XIX, dio como resultado una mezcla fenomenal en la que se funden tradiciones. 
Chifas hay miles y el mejor es el del barrio.Un arroz chaufa, unos wantanes fritos, una gallina tipakay, un pollo chijaukay, un chancho al ajo, un pato pekinés o una deliciosa tortilla de verduras, elevan al más distraído al sétimo cielo. 
Si bien el mejor es que mejor conocemos, hay muy buenos como el Wa Lok, el Salón Capón, el Tití, o el que está en la avenida El Polo, cuyo nombre jamás supe. Si se quiere ser más exclusivo y excluyente bien se puede ir al O-mei, al final de la Javier Prado (el pato pekinés allí es soberbio), jamás defraudará. 

Si de comida criolla se trata hay lugares tan célebres como el José Antonio, el Señorío de Sulco o Las Brujas de Cachiche, aunque para tales menesteres sea mejores los "huecos", los restaurantes de la gente de a pie que abundan en Barios Altos, La Victoria o el Rímac, solo por su sazón. 
Siempre quedan las anticucheras que lo esperan a uno para preparar los chinchulíes, el anticucho, la papita dorada, todo con su ají con huacatay y su chicha. 
Y, claro, de postre, impostergables, insuperables, infinitos, unos picarones magníficamente bañados en la más dulce miel de chancaca. 

No es cierto que para comer buenas carnes hay que irse hasta Argentina, es verdad que el Hornero da la pelea honrosamente y también La Carreta y El Rincón Gaucho.
La mejor pasta que he comido fueron los tallarines verdes (al pesto) que preparaba mi madre pero, ahora sin ella, hay que ir a La Trattoria di Mambrino, lugar imperdible donde los dueños (Sandra y Hugo) atienden de maravillas (aunque Hugo no perderá la ocasión de hacerte brindar con un vino "buenísimo" y caro, los ravioles rellenos de camote justifican la cuenta). Donatello (en la Encalada) es un clásico y allí, Rosa María y Lalo, hacen pasar a sus clientes momentos extraordinarios con platos de antología. 
Sin embargo, también hay otros lugares célebres como el San Seferino o Don Vito 
Si de Pizzas se trata, está el inolvidable Don Rosalino, en la siempre socorrida y polémica "calle de las Pizzas"; o, más de postín, se pueden probar las novedades de Antica o la deliciosa pizza "al pesto" de La Linterna (junto con una fresca ensalada de berros). 

Para visitar cafeterías también Lima tiene lo suyo.Mi favorita es el Café-Café, donde me siento como en mi casa. Después, tenemos La Baguette, con un pan delicioso, y La Bomboniere, con una canastilla de sanguchitos que son un pecado. 
Ahora hay tantas y tan buenas que en la carrera de las cafeterías no se quedan muy atrás ni la San Antonio (el mil hoja de fresas con crema chantilly) ni Bocatta (sus helados), ni Delicass (sus desayunos), ni Tanta (con platos tan exquisitos que ellos podrían alegar que son un restaurante, o si no me remito a los anticuchos shuller o al lomo saltado). 
Claro que si se trata de una exquisitez, de una rareza, de darse una molestia por algo singular, es imposible dejar de ir a comer los dulces incomparables (torta de profiteroles, relámpago de lúcuma) de Italo, allá, medio perdido, en Magdalena (en febrero no atiende)
Para sánguches, La Rueda (siempre que los prepare Zósimo hay que decirle que somOS bien frío. recomendados "de Pepito"-) o El Peruanito en Miraflores o Macarios en Surco o el Palermo(donde también hay una leche asada muy buena, como las de antaño). 

La novedad es un lugar llamado Pasquale Hermanos (pasé por allí y me comí un pan con chicharrón, pero aún está lejos del sabor de los de Mala 
Si le exijo a mi memoria, recordaré que los mejores sánguches que probé alguna vez fueron los de esa esquina en el Centro de Lima, cerca del jirón Quilca, donde iba con mi papá el sánguche era un premio y el lugar tenía un encanto especial, siempre lleno, siempre apurados los que atendían en la barra, donde en un mostrador se hallaban expuestos, con sus carnes doradas, docenas de pavos horneados, jugosos y listos para ser tasajeados por el sanguchero. 
Eso sí, si se trata de acompañar el sánguche de los más deliciosos jugos de frutas que jamás se han hecho en Lima, no se puede dejar de ir a Las Delicias a tomarse un celestial jugo de mandarina con granadilla acompañado de un sánguche de lomito con palta o a disfrutar un sánguche de pollo y mayonesa maridado con un juego de lúcuma 
Ah, la lúcuma! Si algo tiene Lima que nadie más tiene, es una oferta interminable de helados de lúcuma, esa fruta sagrada que crece en el Perú, esa fruta única, de sabor inconfundible y radical que solo acepta fanáticos irrecuperables como yo y luego, claro, podemos ir a una de esas heladerías maravillosas que hay en la ciudad. ¿Las mejores?, el Quatro D y Laritza. 

No obstante, es necesario dejar claro que nadie ha comido un verdadero helado de lúcuma si es que no ha pasado por el kilómetro sesentaitantos de la carretera al sur y ha parado en Chilca, junto a ese kiosquito que dice "Helados Ovni", tan deliciosos que solo pueden competir con el nostálgico zambito de lúcuma del TipTop (donde también es imprescindible comerse una tiptorella acompañada de un milshake de lúcuma). 

Y eso que no he pasado por los restaurantes "gourmet" y los de "cinco tenedores" que ahora abundan en la ciudad y que han convertido a la antigua capital del virreinato del Perú en uno de los destinos gastronómicos más importantes del mundo.






Gracias promoción es de verdadera utilidad y promoción de nuestra Gastronomía Peruana....


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